Auditorio Dai Hall
Antesala
A las 4 pm de la tarde los asistentes aún hacían una pequeña cola para ingresar. El auditorio Dai Hall está ubicado en el primer piso del Centro Cultural Peruano Japonéshacia el ala derecha.
La Mangosta es una historia simple y lineal. Nos narra el siguiente argumento: Una “mangosta” convive como mascota en una familia no-urbana compuesta de “papá-leñador”, “mamá” y una “niña” pequeña. La “mamá” recela de la “mangosta”. Una “serpiente” aprovecha que el “papá” sale a cortar leña y la “mamá” a recoger agua para atacar a la “niña”. La “mangosta” sale en su defensa. Luego de una lucha mortal la “mangosta” derrota a la “serpiente” pero queda herida. La “mamá” regresa y se preocupa, naturalmente, por la “niña”. Sin embargo, el “papá” cuando regresa se preocupa más por la “mangosta” y termina rematando con su hacha a la serpiente. La “mamá” ante el gesto heroico de la “mangosta” finalmente reconoce que “ahora sí podemos vivir felices con este animalito que nos protege”.
[Fragmento]
Predilecto Príncipe de la autora peruana Alcira Acosta es un espectáculo de final feliz que apela al discurso religioso sobre el “amor celestial” (del Padre) que está por encima de cualquier “amor terrenal”.
[Fragmento]
Este tercer espectáculo de final abierto apela: 1) en el nivel formal, al teatro de títeres de manipulación a la vista, es decir, podemos ver cómo el manipulador realiza el trabajo de crearnos la ilusión de que el títere es un ser “vivo”; 2) en el nivel conceptual, al discurso de género (femenino y maniqueo); y, 3) en el nivel temático, al uso de la manipulación como recurso de poder en las interrelaciones humanas, contextualizadas, en este caso, en la relación entre la “fuerza animal”/“inteligencia humana”, el “amor”/el “interés”, y, el “amor”/la “venganza”.
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El espectáculo de final feliz dura 52’. Estamos ante una comedia en donde la morcilla, el aparte y ciertas situaciones previsibles generan la risa fácil entre los espectadores.
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Quinto espectáculo: La cuchara por el TUNI
La Cuchara es un texto que su propio autor, el español Salvador Henríquez, define como “teatro breve” y que se inscribe dentro del llamado teatro de tesis. Consta de un solo acto y gira en torno al debate de dos personajes: “Gran hombre”, personifica al “propietario” y “Pobre hombre” al “trabajador”; debate, en este caso, ético, en torno a ─como escribió T. Hobbes en “Leviatán”─ “el hombre es el lobo del hombre”.
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Finalizada la representación busqué entre los espectadores a alguien para conversar sobre La cuchara.
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Con este fragmento de 37’ de duración del grupo Domus Synesthetic [¿La casa sinestésica?] el Festival vuelve a alcanzar otro momento de (cierto) nivel; nivel que, por otra parte, deberían tratar de ir alcanzando todas las agrupaciones participantes, por el bien de ellas mismas, del festival y del público asistente que es, en última instancia, el destinatario de tantos esfuerzos, ya sean estos logros e incluso errores.
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Finalizada la representación busqué a una persona cercana para que me diera sus impresiones.
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Una voz en off anuncia que este espectáculo va a ser interpretado por “estudiantes de arte de la Universidad La Cantuta”, quienes han tomado “dos cuadros” del texto de Darío Fo que el grupo espera “que sea de su agrado”. Probablemente esa voz en off sea la del director Oscar Sánchez, de quien no tengo referencias.
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Este espectáculo dura 42’. La dirección ha optado por hacer una representación fidedigna del texto escénico, no sólo a nivel de los diálogos y las réplicas, sino también a nivel de un vestuario que pretende ser apropiadamente de época [por ejemplo, en el “Padre”, en “Iván, el vecino”, aunque no estoy muy seguro si también en “Natalia”].
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Cronista del 5to Festival de Teatro de Aficionados
Setiembre 03 de 2011

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